TRAVESÍAS ANDINO-VOLCÁNICAS

Desde hace tiempo las temporadas venían sucediéndose de la misma manera, marcadas de forma irremediable, por el girar de los astros y su influencia en el clima. Poco se podía hacer cuando la nieve se iba de los montes más altos y estabas en una buena forma y con una motivación  alta para seguir esquiando. Lo mismo ocurría cuando llegaba el invierno y había que atrasar hasta la primavera los encadenes y proyectos roqueros pendientes. Desde siempre ha sido así y esperemos que esto no cambie, por mucho que los hombres nos empeñemos en tentar la suerte.

Este verano algo en nuestro interior nos decía que teníamos que escalar mucho antes de que llegara agosto, ya  que el verano para nosotros duraría menos. Numerosos viajes por la Península en busca de hermosas vías de escalada se sucedieron, hasta que tomamos rumbo al hemisferio sur para romper con la lógica de las estaciones.

De cómo aparecimos rodeados de nieve y cambiamos de los sofocantes calores de Madrid al más duro invierno chileno, es mejor no entrar en los oscuros detalles que nos brindó la compañía aérea. Pese a los citados, nos vimos en poco tiempo abriendo huella camino de un precioso cono volcánico, que de vez en cuando expulsaba una fumarola a modo de recibimiento y reclamo. Y nosotros que somos chicos fáciles, entramos en el juego dejando a un lado todos los planes de ser prudentes, de empezar poco a poco, de ir en progresión ya que es un viaje largo…  Animados por el buen tiempo y lo exótico de estar foqueando en agosto vamos ganando altura a buen ritmo. Adelantamos  algunos grupos de raqueteros y esquiadores que aprovechan la comodidad de la próxima estación de esquí para quitarse parte de la cuesta. Como nosotros vamos ya calientes desde abajo seguimos imprimiendo ritmo para subir al cráter de nuestro primer volcán andino. Pero el Villarrica, con fama de ser fácil y el más ascendido de la zona, nos tenía preparada una buena sorpresa para bajarnos los humos y quitarnos el bravío de recién llegados. En poco tiempo las nubes nos envuelven y los vientos enloquecidos de esta parte del planeta nos azotan con fiereza y hacen que el final de la ascensión y la llegada al cráter nos suponga un gran esfuerzo. Hacer cumbre sabemos que hicimos, porque no había más pendiente y un filo y un abismo indicaban entre la espesa niebla que aquello había llegado a su fin. De vez en cuando, las ráfagas de viento te traían una fumarratá del interior de la tierra que unidas a lo desagradable de la meteorología te invitaban a salir de la zona cuanto antes. Y tras las fotos de rigor y charlar brevemente con dos suizos con los que compartimos el final de la ascensión salimos lo más rápido posible hacia abajo con una visibilidad pésima. Perdemos altura rápidamente, primero con los crampones y más tarde con las tablas, vamos encontrando primero un pequeño grupo que continua y más tarde otros con guías que no están dispuestos a asumir el riesgo de la ascensión y se dan la vuelta.  Llegamos a las instalaciones de la estación de esquí donde el tiempo es más aceptable y uno puede relajarse y meditar sobre la primera actividad realizada. En mi interior pienso que como todo lo que hagamos sea con estas condiciones, va a ser un viaje muy duro.

Parque de acceso al Volcán Villarrica

Los días de borrasca los empleamos en viajar por la Panamericana a otros objetivos y a la señal de buen tiempo nos lanzamos a la ascensión de joyas cónicas. Nunca podría imaginar durante las clases de Don Gregorio y eso que mi imaginación solía volar muy alto, que viviría tan de cerca lo que era un volcán.  En el Lonquimay con una visibilidad bien buena, pudimos admirar la fuerza y efectos de la lava en el paisaje, nada que ver con los dibujos en el cuaderno que el bueno de Don Gregorio nos mandaba hacer. Foqueando poco a poco va apareciendo ante nosotros el cráter Navidad, una pequeña formación subsidiaria del Lonquimay que entró en erupción el día de Navidad de 1988 y que vertió su fluido durante trece meses. El gran manto de lava que expulsó cubierto por las nieves invernales parece un agrietado glaciar y llama mi atención poderosamente mientras se suceden un sinfín de zetas. La ascensión la hacemos en solitario, pero a lo lejos vemos dos puntitos que suben y que nos sacan gran distancia. Al llegar al labio, nos llevamos todos una grata sorpresa.  Es raro encontrar gente en estos parajes, pero volver a coincidir con los dos suizos del Villarrica fue toda una sorpresa. En esta ocasión todos nos deleitamos de la altura y las vistas sobre los volcanes que nos rodean, unos hechos, otros por hacer y algunos que apuntamos para futuros viajes. Como el tiempo es bueno y  vamos sin prisa, hay quien se decide incluso a esquiar por la hoya del cráter, que aparece totalmente cubierto por la nieve. Hoy disfrutamos todos en las alturas y la bajada con buena visibilidad es una verdadera gozada.  Al menos para nosotros acostumbrados a las duras nieves del Guadarrama. Otra cosa es lo que opinan los suizos verdaderos sibaritas de la nieve, que gozan de óptimas condiciones durante largas temporadas y para los que esta nieve es solamente regular. 

Parque de acceso al Volcán Lonquimay

Las araucarias son los árboles más típicos de estas regiones volcánicas y están presentes en todas las ascensiones que vamos realizando. Ocupan los estratos altos del bosque, primero mezclándose con otras especies y luego como únicos ejemplares en alturas superiores. Esquiar entre ellas es toda una sensación cuando uno se acerca al coche después de una larga jornada de travesía. Cuando aparecen nos indica que el descenso llega a su fin y según haya sido la jornada los sentimientos pueden ir desde la alegría por la proximidad del descanso, a la pena por dejar de encadenar giros y más giros. Esto último nos ocurrió en el Llaima, el más activo de los volcanes ascendidos en el viaje. Durante la estancia y ascenso a este nuestro último volcán, pudimos sentir las fuerzas de la naturaleza; e imaginar lo que puede ser cuando se desatan esas fuerzas de manera más violenta. Durante una de las noches esperando a poder subir al Llaima vivimos un pequeño temblor de tierra, que según los habitantes de Cherquenco es de lo más normal. Lo que para esta gente habituada a perder parte de sus posesiones por los temblores y erupciones no tiene importancia, para nosotros fue todo un acontecimiento. El Llaima ha estado prohibido, por las autoridades que gestionan el Parque Nacional de Conguillío, ya que es considerado unos de los volcanes más peligrosos de América, la última erupción importante ocurrió en el 2008 y hubo que evacuar a un número importante de personas. Todo esto, unido a la traducción del mapuche que dice que Llaima significa venas de sangre, nos decide a hacer una ascensión a esta ventana al interior de la tierra. El Llaima es sin duda la guinda del viaje, no sólo por su actividad volcánica, también por la belleza de sus formas y por situarse en medio de otros volcanes que le rodean y hacen que las vistas sean fabulosas. Aquí a ninguno se nos ocurre esquiar hacia su cráter, ya que desde mitad de pendiente podemos observar fumarolas que salen de franjas rocosas a mitad de subida y al llegar arriba las botas se notan calientes por efecto de la actividad del volcán.  El cráter aparece entre el humo y se observa una furiosa agitación en su interior. A lo lejos distinguimos, hacia el norte el Lonquimay, el Sierra Nevada con sus caprichosas formas, y el Tolhuaca  que se quedó pendiente. Al este el señor de estas tierras, el Lanín, situado mitad en Chile, mitad en Argentina y la cordillera que a modo de espina dorsal separa estos países. Al sur, el Villarrica y el Quetrupillán. Arriba de este volcán sintiendo el poder del interior de la tierra bajo tus botas y observando tanta maravilla, los pensamientos vuelan y recordamos a los compañer@s con los que solemos hacer actividad y no pudieron acompañarnos en estas magnificas y exóticas travesías. 

Parque de acceso al Volcán Llaima

Para terminar es justo recordar que estos magníficos paisajes deben seguir vírgenes y alejados de la acción del hombre. Chile es un país en crecimiento y debe de poder conjugar ese crecimiento con la protección de sus parajes naturales. Esperemos que las mentes dirigentes comprendan que una Patagonia sin represas y unos bien cuidados entornos naturales son parte de un progreso sostenible y más duradero.

Datos prácticos:

La ciudad de referencia es Temuco, 677 kilómetros al sur de Santiago de Chile, o bien Valdivia, 162 kilómetros más al sur, ambas con aeropuerto. Para los volcanes situados más al sur la población principal es Osorno. Es muy recomendable la opción de volar a San Carlos de Bariloche, en Argentina y atravesar los Andes por cualquiera de los pasos fronterizos más o menos cercanos, siempre que los encontremos abiertos. Los pasos del Cardenal Samoré y Pino Hachado son los únicos asfaltados  y los primeros en abrirse después de las nevadas. Los pasos fronterizos de Icalma, Carirriñe, y Mamuil Malal son de ripio y es fácil que estén cerrados en invierno, siendo este último el más utilizado, con unas vistas estupendas del Volcán Lanín.

La mejor guía de carreteras de Chile la publica Copesa Editorial, S.A. con el título “Chiletur Copec 2010, La guía para conocer Chile. Rutas de Chile”) y se puede comprar en algunos quioscos y estaciones de servicio.

Para llegar al punto de partida de las excursiones puede utilizarse la red de autobuses y contratar taxis para el acceso a la estaciones de esquí, aunque es preferible alquilar un vehículo. Si alquilamos en Argentina nos tendrán que dar la documentación para pasar a Chile. Cualquier vehículo nos servirá pero un 4x4 multiplicará las probabilidades de éxito de cada actividad. En todo caso es imprescindible llevar cadenas, que seguro usaremos con frecuencia.

Para dormir puede arrendarse cualquiera de las innumerables cabañas que existen por todo Chile, normalmente unos 10000 pesos chilenos (16 euros) por persona y noche. Además no faltan hoteles de todas las categorías en ciudades como Pucón, que tiene fama de ser el centro de turismo mejor dotado de toda Sudamérica. La guía de Chile de Lonely Planet es un buen compañero de viaje. En Pucón recomendamos ¡École!, un proyecto de ecoturismo en el que encontraremos un agradable hogar para pasar las frías noches chilenas, con restaurante vegetariano y la compañía de Hernán, experto conocedor de la cultura mapuche y otras etnias, así como de la geografía y vegetación del país, siempre dispuesto a darnos buena conversación, igual que el resto del personal. Hernán ha participado en la publicación de la obra “”Chile’s Frontier Forests: conserving a global treasure”, un detallado estudio del pasado, presente y futuro de los bosques chilenos. En Cherquenco recomendamos Cabañas El Medina, dos kilómetros antes de llegar a Cherquenco desde Vilcún, regentadas por los incansables Emilio, italiano, y su compañera Ferida, de origen tunecino, que nos sorprenderá con una pequeña tienda-museo de artesanía árabe y recuerdos de su pasado como traductora, entre otros personajes de Gadafi, el controvertido Presidente de Libia. Este establecimiento está incluido en la Ruta Gastronómica Araucanía Andina y Ferida también nos sorprenderá con su exquisita cocina internacional. Las cabañas están equipadas con todo lo que podamos desear y se sitúan en un entorno envidiable a los pies del Volcán Llaima. La noche estrellada en este lugar es de las más bonitas y frías que recuerdo.

En Chile son muy frecuentes los seísmos de hasta 6 grados y no será raro que si permanecemos varios días percibamos algún temblor. El Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile lleva un registro sismológico actualizado con todos los movimientos reportados muy detallado. Entre temblores y actividad volcánica los habitantes de chile emplean buena parte de su tiempo y esfuerzo reparando los daños de una naturaleza salvaje.

En agosto de 2010 un euro equivalía a unos 620 pesos chilenos y los precios son en general muy similares a los que los que encontramos en Europa.


VOLCÁN VILLARRICA (2847 m.):

Acceso: desde la localidad de Pucón tomamos la carretera en dirección Villarrica y en algo menos de un kilómetro veremos un desvío a la izquierda hacia la Estación de Esquí de Pucón, en las faldas del Volcán Villarrica. Son unos quince kilómetros hasta la estación, los cinco primeros asfaltados, hasta un restaurante y tiendas de artesanía mapuche, y el puesto de la CONAF, y el resto camino de ripio.

Itinerario: para la ruta normal de la cara norte, desde la estación hay que subir recto, o bien por la pista de esquí verde que empieza en el aparcamiento, hasta la cafetería intermedia y luego, con tendencia hacia la izquierda, siguiendo el recorrido del remonte número 5 hasta el final de la estación. Más a la izquierda veremos restos de algún antiguo remonte, hoy abandonado al haber quedado destruido por la actividad del volcán, lo que obligó a desplazar toda la estación hasta su emplazamiento actual. Con buena visibilidad pasaremos por las amplias palas que separan dos barreras rocosas conocidas como Piedra Negra (a nuestra izquierda) y Piedra Blanca (a nuestra derecha) y seguiremos al camino más evidente hacia la cima. En los últimos metros la pendiente empina bastante y normalmente será necesario subir con crampones hasta los labios del humeante cráter, espectacular y muy molesto si el viento nos arropa con los vapores tóxicos del azufre. Para el descenso se sigue aproximadamente el mismo itinerario de subida por pendientes mantenidas y con buena nieve muy divertidas. Al llegar a la estación, es posible atravesar algunas hondonadas formadas por la actividad del volcán que nos llevan por un bosque muy bonito hasta el aparcamiento.


Dificultad: el ascenso es sencillo y la pendiente no supera en general los 30º, salvo la parte final, que puede alcanzar los 35º. La bajada es divertida y en condiciones normales no presenta gran exposición en caso de caída. Nosotros el primer tramo lo bajamos con los esquís a la espalda porque el fuerte viento y frío forman penachos de hielo difíciles de esquiar.

Desnivel: 1592 metros de desnivel para una distancia de 5,5 kilómetros desde el parking de la estación hasta la cima. La estación de esquí está a 1250 m. Si utilizamos los remontes podemos ahorrarnos 600 metros de desnivel.

Horarios: entre subida y bajada unas seis horas. Si utilizamos los remontes unas cuatro horas.

Material: aunque no es preciso más que el material de esquí (incluidos arva, pala y sonda) y los crampones (para la parte final), puede ser conveniente llevar algún cordino y arnés para convencer a los guardas de la CONAF de que no necesitamos la ayuda de un guía. En cualquier caso, en invierno, la caseta de los guardas suele estar vacía.

Más información:

- Chile-Argentina. Guía de esquí-andinismo, de Frédéric Lena, pág. 212.
- Los Andes – Una guía para escaladores, de John Biggar, pág. 234.


VOLCÁN LONQUIMAY (2865 m.):

Acceso: la localidad más cercana es Malalcahuello, al pie de la Reserva Nacional Malalcahuello-Nalcas, situada entre dos poblaciones más conocidas, Curacautín (al oeste) y Lonquimay (al este). Desde Malalcahuello partimos en dirección Lonquimay y a unos cinco kilómetros veremos el desvío hacia la izquierda a la Estación de Esquí de Corralco. Desde el desvío tenemos todavía unos ocho kilómetros de camino de ripio. Es probable que encontremos a los Carabineros de Chile en varios puntos del camino siempre dispuestos a indicarnos las condiciones de la carretera hasta el aparcamiento de la pequeña estación.

Itinerario: para la ruta normal de la cara sureste, desde el aparcamiento de la estación de esquí ascendemos con precaución por las pistas hasta el punto más alto de los remontes desde donde giramos ligeramente hacia la derecha, dirección norte-noroeste para seguir por pendientes poco inclinadas hasta el comienzo de la gran pala sureste. Desde el final de los remontes podemos ver a nuestra derecha el cráter del Volcán Navidad, que surgió el día de Navidad de 1988 como consecuencia de la actividad volcánica de la zona. Una vez situados en la pala sureste no queda más que trazar todas las zetas que podamos hasta que las condiciones aconsejen ponerse los crampones, en nuestro caso unos quinientos metros antes de la cumbre.

Las vistas desde la cima son fascinantes, al norte el Volcán Tolhuaca y al sur, sucesivamente, los volcanes Sierra Nevada, Llaima y más lejos el Villarrica y al suroeste el Lanín. Además el cráter del Lonquimay es muy grande y aparece totalmente cubierto de nieve con lo que es posible descender esquiando hasta el mismo centro.

El descenso se hace también por la pala sureste, aunque hay otras posibilidades como el descenso extremo por la cara suroeste, hasta la estación de esquí y el aparcamiento. El Lonquimay tiene reputación de contar con la mejor nieve virgen de Chile y a decir verdad, salvo la nieve más dura de las rampas iniciales, disfrutamos de un descenso de libro.


Dificultad: el ascenso es fácil y no encontraremos pendientes de más de 35º. Si se quiere esquiar hasta el fondo del cráter puede encontrarse terreno fácil. La bajada no es expuesta con buena nieve.

Desnivel: 1250 metros de desnivel para una distancia de casi 5 kilómetros desde el parking de la estación hasta la cima. La estación de esquí está a 1600 m. Si utilizamos los remontes podemos ahorrarnos 300 metros de desnivel.

Horarios: entre subida y bajada unas cinco horas, y una hora menos si utilizamos los remontes. En general es una ascensión muy agradecida, y más aún el descenso.

Material: material de esquí, incluidos arva, pala y sonda, y crampones por si hacen falta en la parte final (recordemos que ascendemos por el sur, el equivalente a las caras norte en el hemisferio norte).

Más información:

- Chile-Argentina. Guía de esquí-andinismo, de Frédéric Lena, pág. 202.
- Los Andes – Una guía para escaladores, de John Biggar, pág. 231.


VOLCÁN LLAIMA (3125 m.):

Acceso: la localidad de Cherquenco se alcanza tomando la salida a Cajón en la R5 (Panamericana), cerca de Temuco. Desde la Panamericana tenemos unos cincuenta kilómetros de buena carretera que pasa por Vilcún hasta Cherquenco, donde podemos encontrar alojamiento. Cherquenco es una pequeña localidad en la que hace mucho frío y desde la que se ve claramente la imponente silueta del Volcán Llaima. La vista del cielo estrellado del hemisferio sur en la noche de Cherquenco es inolvidable. Al salir de Cherquenco la carretera de asfalto se convierte en ripio durante los últimos 15 kilómetros y pasa por los puentes del Rio Llao Llao 1, 2 y 3 hasta el Centro de Esquí Las Araucarias, Sector Los Paraguas. Hay que desechar el desvío a la derecha hacia el Refugio Llaima.

En el Centro de Esquí hay un par de hoteles y dos refugios con servicio de pernocta en los que necesitaremos el saco de dormir. Cuando llegamos, después de tres días de tormenta, encontramos todos los edificios cerrados y invadidos por la nieve, incluso por dentro. Para abrir la estación durante el fin de semana una máquina quitanieves intenta despejar el camino con lo que tenemos el Llaima para nosotros solos. A juzgar por el acceso y la ausencia de grandes aparcamientos, incluso en los momentos más álgidos del funcionamiento de los remontes, el centro de esquí es un remanso de paz en medio de un territorio salvaje.

Itinerario: comenzamos la ascensión en el Centro de Esquí Las Araucarias siguiendo la línea de remontes hasta el punto más alto. Desde aquí tenemos justo en frente la cara oeste del Llaima y un gran plateau, de casi tres kilómetros, que debemos atravesar en dirección este-sureste describiendo una curva por la falda del volcán hasta alcanzar el cono para ascender por su vertiente suroeste. Desde bastante abajo tenemos que avanzar con los crampones por la presencia de peligrosas placas de hielo que hacen el ascenso con los esquís bastante delicado, aunque todo dependerá de las condiciones de la nieve. La pendiente en este tramo final se acerca a los 40º.

La llegada a la cima nos brinda uno de los paisajes más increíbles en una montaña. Llaima significa en lengua mapuche “venas de sangre” y mantiene una actividad eruptiva muy significada, la última vez en 2008, con dos erupciones muy violentas espaciadas sólo seis meses, lo que prohibió su escalada durante un tiempo por motivos de seguridad.

Aunque desde el principio de la ascensión se divisan las fumarolas del volcán resulta impresionante la visión de las grietas del cráter en las que se mezclan nieve, rocas volcánicas y fumarolas de humo mientras sentimos el calor de la tierra atravesando las botas plásticas. A pesar del frío, la ausencia de viento nos permite disfrutar unos minutos de esta maravilla de la naturaleza y tirar las fotos de rigor.

El descenso se hace por el mismo itinerario hasta el comienzo del plateau. Sin ser difícil, las condiciones del terreno, totalmente helado, hacen especialmente expuestos los primeros giros en los que una caída puede ser difícil de parar hasta el final del cono volcánico, bastantes metros con alguna grieta y pequeños resaltes en los que hacerse daño. Sólo al final del cono empezamos a disfrutar la bajada pues en la parte final la exposición desaparece y la calidad de la nieve mejora notablemente. Es una pena porque no conviene seguir enlazando giros hasta el plateau y es preferible hacer una diagonal hacia la derecha para atravesar la larga meseta sin tener que poner las pieles y remando lo indispensable hasta el centro de esquí en el que encontramos una última bajada por nieve virgen y completamos una jornada indispensable en un viaje por el sur de Chile.


Dificultad: la subida exige algo de atención al atravesar el plateau por la posible presencia de grietas y sobre todo en la parte final, donde la pendiente se agudiza y la presencia de hielo duro es más que probable. Indispensables los crampones. La bajada es expuesta al principio porque con hielo la caída podría ser muy larga por lo que no hay que dudar en bajar los metros necesarios con crampones.

Desnivel: 1700 metros de desnivel para una distancia de más de 7 kilómetros desde el parking de la estación hasta la cima. La estación de esquí está a 1450 m. Si utilizamos los remontes podemos ahorrarnos 400 metros de desnivel. Es sin duda la ascensión más exigente de las descritas en este artículo.

Horarios: para la subida contar con 5 horas. La bajada la resolvemos, si se nos da bien atravesar el plateau, en poco menos de una hora. Todo sin contar con el tiempo que con toda probabilidad estaremos flipando en la cima.

Material: material de esquí, incluidos arva, pala y sonda. Los crampones serán necesarios casi seguro en la parte final, y a veces bastante antes.

Más información:

- Chile-Argentina. Guía de esquí-andinismo, de Frédéric Lena, pág. 210.
- Los Andes – Una guía para escaladores, de John Biggar, pág. 232.

OTRAS PROPUESTAS:

Volcán Tolhuaca (2806 m.):

Su nombre en mapuche significa cabeza de vaca. Está en las proximidades de la Laguna Blanca, cerca de la población de Curacautín y según donde podamos dejar el coche su ascensión puede ser una gran aventura.  Es un bonito volcán con unas vistas increíbles hacia el Lonquimay con una aproximación por bosque y una última parte en la que hay que prestar atención ya que iremos por roca.  

Volcán Lanín (3776 m.):

Es el gigante de la selección y se le divisa casi desde cualquier altura de la zona. Para el Lanín hay que planear bien la ascensión y asegurar buenas condiciones climatológicas. Lo normal es hacerlo en dos jornadas y dormir en alguno de los refugios existentes, que carecen de toda comodidad. Está en la frontera con Argentina y su vía normal parte de este país. Los vientos suelen azotar este pico y la nieve no siempre es de calidad. Algunas agencias ofertan subir en un día hasta el Pan Dulce a unos 2300 m., en lo que es un paseo mucho más suave y lúdico.

Volcán Puyehue (2236 m.):

La subida se hace perfectamente en un día, pero con buen pronóstico podemos pasar noche en el refugio no guardado. Esta cerca del Casablanca y pueden ser un buen objetivo para los que no quieran moverse mucho o no tengan coche.

Casablanca (1990 m.):

Las vistas sobre el Osorno y el Puntiagudo son soberbias y su ascensión desde la estación de esquí es fácil y relajada.

Volcán Osorno  (2662 m.):

Otro clásico que se hace en el día y del que partiremos de estación de esquí que nos facilita la aproximación. Es el volcán más al sur que hemos seleccionado y tiene buenas vistas sobre el Tronador, el Calbuco, y los dos volcanes anteriores.

Artículo publicado en la Revista Peñalara nº 534, IV trimestre 2010, pág. 194 y ss.

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